Alejandra estaba muy enfadada. No entendía de dónde sacaba Christian el valor. ¿Acaso pensaba que, solo por conocer al joven heredero de la familia Díaz, sería invencible en Ciudad Baja? ¿O tal vez Christian realmente creía que podría razonar con la gente de la familia Rivas? ¡Eso era una broma!
En ese momento, la puerta de la sala se abrió de repente y entró un hombre de mediana edad, de unos cincuenta años, con una presencia imponente. Lo acompañaban dos guardaespaldas vestidos con trajes negr