—¡Adán, Luciano, estos tres lacayos de Galileo quedan bajo su responsabilidad! —Christian ordenó a Adán y Luciano, su voz resonando en el aire cargado de tensión.
—Después, ustedes dos asegúrense de recopilar pruebas suficientes de los crímenes de estos tres individuos, para luego arrestarlos y hacer que enfrenten la justicia. Han causado mucho daño, y esta vez intentaron traicionarme. No pueden escapar fácilmente de sus acciones —Christian instruyó a Adán y Luciano con firmeza, sus ojos fijos e