—¡Benicio, me has obligado a hacerlo!
Christian tenía un rostro frío, y en sus ojos destelló un aura asesina.
El poder del otro era demasiado fuerte, y además, estaban en clara desventaja numérica. No era algo que él pudiera enfrentar solo.
En este momento crítico, solo le quedaba usar su última carta, el ataque que el Venerado le regaló.
Este ataque no discriminaba y tenía un alcance amplio. Quizás podría resolver la situación con los dos Protectores y Benicio frente a él con un solo movimiento