—No es posible.
—No permitiré que dañen a Christian, ustedes, malvados.
En ese momento, Leocadia salió de detrás, con una voz nítida y agradable, pero llena de una determinación indescriptible.
—Pequeña, ¿quién eres?
Al ver a Leocadia, de aspecto hermoso, Benicio se sorprendió y sintió una admiración sin precedentes en su corazón.
Con su posición noble y su estatus, no sabía cuántos tipos de bellezas excepcionales había visto antes.
Pero ver a una mujer tan pura y encantadora como Leocadia fue l