Capítulo 1668
—No es posible.

—No permitiré que dañen a Christian, ustedes, malvados.

En ese momento, Leocadia salió de detrás, con una voz nítida y agradable, pero llena de una determinación indescriptible.

—Pequeña, ¿quién eres?

Al ver a Leocadia, de aspecto hermoso, Benicio se sorprendió y sintió una admiración sin precedentes en su corazón.

Con su posición noble y su estatus, no sabía cuántos tipos de bellezas excepcionales había visto antes.

Pero ver a una mujer tan pura y encantadora como Leocadia fue l
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