—¡Bien, esto es increíble! —al ver que Germán realmente se levantó, el señor Rivera e Isidora estaban extasiados. Ambos conocían la gravedad de la enfermedad de Germán. A pesar de que Ismael había prometido con firmeza que podría curarlo, las acciones de Christian los habían llenado de preocupación y temor por cualquier percance.
Pero ahora, lo que nunca se habrían imaginado en sus sueños más locos era que no solo no ocurrió ningún accidente, sino que Ismael, con solo una sesión de acupuntura, h