En la audiencia, al ver a Christian regresar, Carmen y Andrea estaban emocionadas y lo agarraron del brazo, saltando y riendo de alegría.
—¡Christian, no puedo creer que este Espejo del Corazón del Emperador realmente sea un tesoro! —exclamó Carmen, con el rostro sonrojado de emoción. Todas sus quejas hacia Christian, ese derrochador, se desvanecieron en un instante.
—Por supuesto que lo es —respondió Christian con cierta satisfacción. En este viaje a Valencia, no solo había adquirido con éxito