—Así es —explicó apresuradamente Arturo cómo habían sucedido las cosas.
—Buen chico, los tres forasteros no solo están presumiendo en nuestro territorio de la familia Gallegos, sino que también han herido a mi nieto. Me parece que se han cansado de vivir —dijo Israel, furioso después de escuchar la historia, y su mirada hacia Christian, Andrea y los demás estaba llena de frialdad y asesinato.
—Tú debes de ser Israel, ¿verdad? —dijo Christian, visiblemente disgustado—. ¿Ni siquiera tú puedes dist