Ahora, viendo cómo Christian no podía escapar de la suerte de ser confinado durante un año, Antonio sintió cierto alivio y satisfacción.
—¡Eso no puede ser! —exclamó Christian, con una expresión de desesperación en su rostro, al borde de las lágrimas. Incluso una sensación de desesperación comenzó a surgir en su interior.
—No es que no haya otra manera —explicó Pedro.
—Según las regulaciones pertinentes, si puedes contribuir de alguna manera al país, como beneficiar a la gente y la sociedad,