—Tampoco es mucho, ¡hay más de cien tipos! —afirmó Christian con confianza.
—¡Tantos! —Pedro, Antonio y Valentina quedaron asombrados, tanto que casi se les cae la mandíbula.
Especialmente Antonio, parecía como si le hubieran arrojado un cubo de agua fría en la cabeza. La pequeña esperanza que acababa de revivir en su interior se desvaneció en un instante.
—Si eso es así, ya que es algo que beneficia a la sociedad, donaré diez variedades al país —declaró Christian con determinación.
Aunque Pedro