Finalmente, Amanda volvió en sí. Su rostro estaba pálido como el papel, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Luchó con todas sus fuerzas.
—¡Jorge, suéltame! ¿Qué crees que estás haciendo? ¡No me violes...!
—¿Violarte? Somos marido y mujer. Amanda, jugaste conmigo, y este es el precio que ahora tienes que pagar. —Jorge soltó una risa sarcástica.
Amanda lo miró aterrorizada, ¿ese era el mismo Jorge que ella conocía? En ese momento, parecía un completo villano.
—¡Suéltame… por favor suéltame!
Ella s