Jorge apretó suavemente la cintura de Amanda mientras su lengua lamia delicadamente sobre su piel cálida y suave. Los labios de Amanda lo succionaban ligeramente, como si estuviera dejando varios pequeños rastros de su pasión en su cuello.
—¿Ya no es suficiente? —preguntó Amanda con el rostro ruborizado.
—Sí, es suficiente para cumplir el propósito. —contestó Jorge.
—Si ya no necesitas nada más, me voy. Más tarde puedes probar el traje para ver si te queda bien. Si es necesario, lo ajusto… —dijo