Félix
—Te llevaré hasta donde está mi esposa para que escuche de tus propios labios tus sucias mentiras.
Félix sentía náuseas. Todo lo que esa mujer había dicho lo repugnaba. Quería vomitar sobre el costoso vestido que llevaba puesto, hacerla sentir el mismo desprecio y humillación que, estaba seguro, ella había infligido a Andrea en el pasado. No entendía cómo su esposa le había dado otra oportunidad a alguien así, alguien que era la personificación del mal, con un rostro hermoso, pero un alma