Edward
Mientras estaba en su oficina, sentado despreocupadamente y jugando con un bolígrafo entre sus dedos, una sonrisa involuntaria apareció en su rostro. Había pasado una semana desde su regreso, y lo que nunca pensó que podría suceder, estaba ocurriendo.
Si bien Andrea aún no lo aceptaba completamente en su vida, tampoco lo alejaba. Se había convertido en una costumbre enviarse mensajes de texto, como si fueran dos adolescentes coqueteando con inocencia. Sin embargo, sólo él sabía que en su