Andrea
Cuando terminó el programa de la noche, se despidió de su invitado y, sin demorar un segundo más, se retiró del estudio. Nunca imaginó el golpe tan devastador que recibiría esa noche. Al llegar a casa, sin quitarse siquiera la ropa, se deslizó bajo las sábanas y abrazó la almohada que solía usar Félix. Lo necesitaba más que nunca.
Ver a Edward allí, en la posición de su jefe, no fue lo más doloroso de la noche. Lo verdaderamente desgarrador fue el rostro de aquella niña. Con un gesto ins