Amelia rompía en llanto ante la manera de actuar de aquel hombre perfecto del cual se había enamorado.
—Cariño, por favor acompáñame, quiero poder vivir contigo aquella vida que soñé a tener a tu lado, quiero que podamos tener hijos y verlos crecer juntos, compraremos una casa y todo se hará como tú lo desees.
»Sere sumisa ante ti y tus caprichos, no te reclamaré por nada, mi felicidad estará a tu lado sin importar dónde estemos y lo que hagamos, sabes muy bien cuánto te amo y de lo que soy ca