Amelia ingresó a la oficina, luego ingresó Alessandro, de un solo golpe él ajustó la puerta, Amelia se sentía entre la espada y la pared, su respiración se encontraba agitada y con su mirada lo decía todo.
—Tome asiento —ordenó Alessandro.
—¿Pero quién se está creyendo?, para que pretenda actuar de esta manera conmigo, no soy tu sirviente ni mucho menos tengo porque atender a tus órdenes —respondió Amelia mientras lo observaba minuciosamente.
Alessandro caminó alrededor del escritorio, luego