–Por favor, llévele hielo al señor Neville, para que pueda ponérselo en el rostro, tambien pregúntele si necesita analgésicos – dijo Emma a la empleada de servicios de la empresa.
La mujer asintió con la cabeza, sin embargo, rodó los ojos con fastidio en cuando salió de allí, recordando que dos días antes, Dante tuvo el mismo tipo de comportamiento, mandándole a llevar comida a su esposa para que no se descompensara.
Pero los papales habían cambiado drásticamente, y en ese momento, era Emma q