La cita.
Las horas se fueron de prisa y Sebastián llega al restaurante que le señaló su padre, era imposible seguir negandose. Su padre lo llamó varias veces para insistirle.
Al bajar del auto, Sebastián se dirige a la entrada con pasos firmes, aunque un nudo de ansiedad se forma en su estómago. Un maître de porte impecable lo intercepta con un gesto cortés y le informa que una señorita lo está esperando. Él suspira, resignado, y sigue al hombre, sintiendo la presión de haber pospuesto una junta import