Indefensa.
De pronto, el silencio de la casa se rompió por un estruendo proveniente del segundo piso, seguido de un llanto desgarrador. Pablo y Sofía se detuvieron en seco, el bate que había levantado Pablo para golpear las piernas de Ana descendió lentamente. La tensión en el aire era palpable, y sus miradas se encontraron, llenas de frustración y miedo.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Pablo, con voz baja pero intensa, mientras su ceño se fruncía. La ira y la preocupación se entrelazaban en su expresi