76. Restos de una masacre
Bella
Reinó un angustiante silencio por todas partes. Caló en nosotros, robó alientos y desconcierto. Apenas tuvimos tiempo de reaccionar y enfrentarnos a la cruda realidad que nos acechaba.
Y es que Gia había sido raptada en nuestras propias narices y no hubo nada que ninguno de nosotros pudiera hacer al respecto. Se había entregado por voluntad propia. No se necesitaba ser demasiado inteligente para saber que lo había hecho, lo hizo en pos de protegernos.
El dolor cobró forma propia en cada u