Sebastian
—¡Pasillo del ala este despejado! — había dicho Greco a través del dispositivo auricular, quien nos abría el camino con Enzo y dos más de su equipo.
Detrás de nosotros, lo cerraba Gregorio y tres de nuestros hombres. Los demás estaban replegados por la zona y otro grupo ya había sido advertido para que preparasen la pasarela de despegue en caso de ser nuestro último recurso. Allí también había sido enviado el equipo médico que consiguió sobrevivir tras la explosión de la granada.
Segú