Estaba en el departamento de Sara, preparándome para dormir. Jean me había comentado que al día siguiente me sorprendería con nuestro nuevo hogar, cosa que me tenía emocionada.
—Bueno, querida, deja de preocuparte por Salomé —La mujer estaba comiéndose una galleta y se lanzó encima de la cama—. Es una perra que ladra, pero no muerde.
—Espero que sea así, porque se quedó muy mal cuando nos fuimos —aclaré, un poco preocupada.
No esperaba que Salomé hiciera algo, pero básicamente le había arruinad