No sabía en dónde meterme para esconder mi rostro lleno de vergüenza. Mi madre me veía amenazante, mientras que papá seguía en shock.
—¡Ve al baño ahora! —exigió ella, demandante.
—Aurora, ¿nos puedes explicar esto? —cuestionó mi padre, se veía decepcionado de mí.
¿Y quién no lo estaría? Si me había defendido en varias ocasiones de esas dos arpías y yo le pagué así.
Sentí un nudo en la garganta por las ganas de llorar que me invadieron, no sabía qué hacer. Negarme no era una opción, porque los