Faltaban solo cinco días para la boda y yo temía que Salomé le dijera a mis padres sobre lo de su sospecha hacia mí.
Llegué a la recepción, encontrándome con Sakura. Su sonrisa animaba hasta en los peores momentos, porque la realidad era que la bomba ya se había encendido.
Era cuestión de tiempo para que explotara.
—Aurora, ¿cómo te va? Pareces asustada —comentó, frunciendo un poco el ceño.
—Primero que nada, me gustaría decirte que fue todo un placer trabajar contigo —dije, en tono dramático.