Sus labios me deleitaron como nunca antes. La pasión que emanaba de ambos se había duplicado desde la última vez. No sabía por qué me era tan difícil controlar mi cuerpo cuando se trataba de Jean.
Mis manos actuaron por cuenta propia y rodearon su cuello por instinto, como si estuvieran listas para hacer eso, programadas para atraerlo.
Su lengua se abrió paso dentro de mi boca. En ese momento no me importó que estuviéramos en la oficina porque la adrenalina era superior gracias a ese detalle.
—