Llegamos a la sala de reuniones. Estaba limpia y había una mesa ovalada de una fina madera en el centro. Debajo tenía una alfombra redonda.
Ocho sillas la rodeaban. Un poco más atrás, había una especie de pantalla transparente que se vería con claridad mediante un proyector de video que estaba en lo más alejado de la habitación, al lado de una laptop.
Suspiré, tomando asiento en cuanto cerraron la puerta.
—Tomaré el atrevimiento de conectar el usb que traje —informó Ezequiel.
Caminó hasta donde