77. La princesa ciega
Samira
El ambiente en la habitación del hotel estaba cargado de tensión, como si el aire mismo fuera incapaz de contener el peso de nuestras expectativas y preocupaciones. Aida y yo nos sentamos en el borde de la cama, esperando ansiosamente a que Isaias revelara lo que había sucedido.
Nada más entrar, Aida no pudo contener su impaciencia.
—¿Ya puedes decirnos qué ha pasado? La espera me está matando.
Los ojos de Isaias se posaron en mí, y sentí cómo mis nervios se intensificaban. Aunque hab