—Lucía, cocinas realmente bien —dijo Rogerio. Asintió como en apreciación, aunque se sentía inquieto por dentro.
La hija de Camila, la señorita de la familia Villena, no, ahora la señorita de la familia González, debería haber sido una pequeña princesa despreocupada, mimada y protegida, sin preocuparse por nada en el mundo.
Pero ahora ella era una hábil cocinera, y su manera de ser era considerada con los otros. Era difícil imaginar cuánto sufrimiento había soportado Lucía.
Lucía siempre había t