Después del desayuno, Lucía y Mariana charlaron unos minutos más, luego Lucía guardó sus cosas y se dirigió a la oficina.
Una vez en la oficina, quería preguntarle a la persona que la había acompañado al evento sobre lo sucedido ayer. De repente, esa persona irrumpió en su oficina y exclamó:
—¡Señorita González!
—Eh, ¿qué pasa? Por favor, siéntate primero y cuéntame despacio —dijo Lucía. Miró al hombre que respiraba con gran dificultad frente a ella y se sintió confundida.
—Señorita González, mi