Lucía levantó la cabeza bastante sorprendida.
—¿Cómo sabes…?
¿Cómo sabe que regresé al país para recuperar la empresa?
Lucía no lo dijo en voz alta, pero supuso que Rogerio podía entender claramente lo que quería decir.
Como era de esperarse, Rogerio sonrió con gran indiferencia.
—Se supone que esto debería ser tuyo, ¿necesita haber más razones?
Los ojos de Lucía se enrojecieron, por fin alguien podía entenderla.
Rogerio extendió la mano y le dio una suave palmada en el hombro a Lucía.
—Hija mía