Aunque Jorge le preguntó despreocupadamente, Alberto no se atrevió a ocultarle nada en lo absoluto y se lo explicó todo con lujo de detalles.
—Sólo pensé que cuando Marta vino a buscarte, seguramente tenía motivos algo impuros, tal vez quería seducirte con sutiles artimañas.
—¿Ella? —La voz de Jorge estaba llena de desprecio.
Incluso Alberto afirmó con la cabeza. Marta no solo carecía de inteligencia, ni siquiera tenía una apariencia destacable. ¿Qué tan ciego debía estar el jefe para interesars