Maximiliano cerró su libro cuando Tiffany se sentó a su lado con una nueva pijama que le pareció demasiado como para que una risa incrédula saliera de su boca. Aquel juego de dos prendas color rosa satinado compuesto por una camisa de manga corta y un pantalón se ajustaban a su cuerpo, un cuerpo que Maximiliano ni siquiera se había detenido a mirar antes.
Detestaba tanto a Tiffany que incluso su buen aspecto nunca le logró interesar realmente. Su esposa se sentó a su lado y el hombre notó tambi