Capitulo 26. Marcas
Luego de esa vez en la oficina, William no le había dado tan fuerte nunca más.
De hecho, el fin de semana siguiente, estaban ambos acostados en su cama —en la casa de él—. La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz suave de una lámpara de noche. William la abrazaba por la espalda, su pecho pegado contra la piel tibia de Simi, respirando el aroma dulce y ligeramente floral de su cabello. Sus dedos rozaron sin querer una de las marcas que aún se veían en su nalga izquierda, un