Sasha
La luz del día finalmente atraviesa las nubes, bañando la tierra con su calor suave, pero no es el calor de la victoria el que calienta mi corazón. Es un calor extraño, uno que se mezcla con el dolor persistente y la incertidumbre que me habita. Cada paso que doy sobre esta tierra manchada de sangre y polvo me recuerda cuánto ha cambiado el mundo. No solo porque hemos ganado, sino porque hemos sacrificado. Y ese sacrificio ha dejado cicatrices invisibles, que nos seguirán en cada aliento