—Estoy bien —le dije de nuevo—. No me estoy muriendo. Mira.
Él abrió los ojos, pero era casi como si estuviera mirando a través de mí hacia algún otro lugar, algún otro tiempo. Había un secreto oculto allí, en alguna parte de sus palabras, pero yo no sabía cuál era. Por ahora, solo podía concentrarme en calmarlo.
—Mírame —dije—. Estoy justo aquí. Estoy viva. Es solo un poco de sangre.
Warren parpadeó unas cuantas veces y luego miró hacia mis manos. Ya estaban comenzando a sanar. Frunciendo el