Ya que había aceptado el trabajo, no quería perder el tiempo, después de todo necesitaba ganar dinero. Aunque me sentía débil físicamente por la cirugía, mi mente seguía tan lúcida como siempre. Cuando llamé a Lucía Vega, ella parecía sollozar al teléfono.
—Camila, ¡por fin has venido a buscarme! Pensé que ya no te acordabas de mí.
Lucía era la becaria que había contratado el año pasado y que luego se convirtió en mi asistente. Tenía un carácter algo impulsivo, pero era una persona honesta y ent