La respiración de Juan se volvió frenética, y en sus ojos se reflejaba un pánico innegable.
—¡No, no soy yo! ¡Es un malentendido, de verdad!
—Juan, con tu experiencia, podrías ser director en cualquier otro lugar. Hemos sido compañeros, y sé que no eres el autor intelectual. ¿Por qué arruinar tu vida por algunas personas? —Lo miré y suspiré suavemente.
Valentina estaba a mi lado, haciendo gestos para que llamara a la policía, pero sacudí la cabeza. Llamar a la policía complicaría las cosas y pod