Pensando en que mi vida en País de Malina era bastante buena, le guiñé un ojo a Leonardo.
—Aún tengo que trabajar para Estela; hay que ganar dinero.
—Si no quieres trabajar, también puedes. ¿No tienes un estudio? —Leonardo soltó una ligera risa.
Al escuchar que tenía un trabajo, me senté recta de inmediato.
—Leonardo, sí tengo un estudio, pero el proyecto que ustedes tres están negociando...
Me pasé la lengua por los labios, imaginando que debía ser un gran proyecto. Con tan solo un par de perso