Ya no recuerdo cómo salí de la habitación; solo sentí que estaba sin alma.
Fernando siempre dice que Daniel me debe mucho, pero ¿acaso esa deuda significa que debo pagar con mi vida?
Al final, acepté su petición, pero no me quedaría de brazos cruzados.
—Camila, ¿estás bien? —Estela llegó corriendo, con algo de sudor en la frente.
Le arreglé suavemente el flequillo y sacudí la cabeza.
—Volvamos a la habitación —Francisco se acercó, con un semblante serio.
Me llevaron de regreso a la habitación, m