—Está bien —Francisco, con una expresión impasible, sacó su teléfono, y Karla finalmente se puso nerviosa.
—¡Espera! ¿Estás loco? —Karla me miró con agitación.
—Creo que tú estás loca. ¿Sabes lo que estás haciendo? —Di un paso adelante y miré a Daniel, que seguía inconsciente.
De repente recordé lo que dijo Estela, y no entendía qué tenía de especial él para que todas estuvieran tan locas por él. Antes, las mujeres que él eligió eran así, Sofía lo fue, y ahora Karla también.
—Suéltalo, déjalo ha