Ahora entendía la situación: se había dividido en tres bandos. Daniel, después de tantos años de trabajo, todavía tenía su propio poder, y muchos lo apoyaban.
Pero Hugo no se quedaba atrás; sus seguidores eran los más ruidosos.
Y había un grupo que solo esperaba ver el resultado. A ellos no les importaba quién estaba en el poder; lo que valoraban eran los beneficios. Quien pudiera hacerles ganar dinero, ese sería su apoyo.
Sin embargo, noté algo extraño: nadie mencionaba el accidente de Daniel,