—¿Por qué lloras? Él siempre ha sido así. No vale la pena preocuparse por alguien así.
Francisco sacó un rollo de papel de donde pudo y rasgó algunas hojas, arrojándomelas.
—Está loco —Me limpié la nariz con desdén.
—¿Y aún sigues llorando? —Francisco me miró sin cambiar de expresión, y en ese momento me sentí completamente impotente.
—Doctor, su situación no es buena, mira...
—Te dije que si no haces tonterías, no pasará nada. Si haces tonterías, no puedo ayudarte, eso no es mi problema.
Parece