Quiere recogerme el pelo en una cola de caballo y sabe que siempre llevo las ligas que usaré en la muñeca izquierda. Aprieto los labios, intentando ocultar mi sonrisa mientras él procede a atarme el pelo.
Como de costumbre, todos los ojos están puestos en nosotros y me siento muy incómoda. Los minutos se eternizan y no es hasta que creo que mis rodillas van a ceder al suelo cuando él dice,
"Ya está". Suspiro aliviada y abandono su presencia.
El único lugar donde soy capaz de lidiar con este h