Sarah
Mi habitación permanecía envuelta en sombras, la oscuridad acogiéndome como un abrazo reconfortante mientras buscaba consuelo en sus confines, con solo una tenue luz brillando desde el exterior. Vine aquí brevemente para liberar las lágrimas que había estado conteniendo.
Las palabras de Philip seguían repitiéndose en mi mente: nunca me amó, ni en el pasado, ni ahora. La revelación dolió más profundamente que cualquier herida de arma blanca, a pesar de que una parte de mí ya sabía la verda