KIARA
Me apuro en subir las escaleras del hospital llegando a la sala de Kelly, el cristal grande nos separa, pero cuando me ve, sus ojos grises se iluminan irradiando aquella felicidad que tiene pegada en su piel de porcelana y me vuelve a saludar con la mano.
Esta muy pálida y más delgada, que me da miedo que se le rompa un huesito, pero esa sonrisa hermosa no la abandona nunca.
El doctor James y una enfermera están preparando todo para su trasplante. Diviso los tubos que le sacaron a Reagan