—No, no es tu hijo, ¿Eso querías saber? —respondió Andrea a la pregunta que le hacía Fernando.
Los ojos de Fernando se oscurecieron tanto, que parecían negros. Su rostro se tornó colorado, y un suspiro de desconcierto salió de sus labios.
El siempre pensó que Dante era su hijo, lo imaginaba, porque, aunque Astrid no se lo había dicho, siempre sintió una conexión especial con el pequeño, pero, la realidad era que la mujer tenía más secretos de los que él conocía.
Andrea caminó al ventanal, habí