A horas de la madrugada Evangelina se levantó para ver a Demetrio dormir a su lado, lo despertó con un beso en los labios para irse.
—Tengo que irme, mi amor —besó sus labios con ternura.
—¿Ya? —preguntó entredormido.
—Sí, quiero irme temprano para volver lo antes posible, además, recuerda que voy a ir con Alexander y él es un problema con el horario —dijo acariciando su rostro.
—¡Cuidado con el ruso! —bufó con burla.
—Soy solo tuya, Demetrio —dijo sonriendo mostrando los hoyuelos que se marcaba