Demetrio me llevó entre sus brazos al yate mientras la brisa movía mi cabello haciendo un alboroto en ellos. Sentía mi vientre contraído y unas inmensas ganas de gritar por la felicidad que estaba experimentando en ese momento. Estaba tan feliz , que no podía creer la dicha que sentía.
Cuando entramos al interior, me quedé maravillada por todo lo que había dentro de ese pequeño perol de unos cuantos millones de dólares. Un enorme sofá curvado, dónde estoy segura que me vería perfecta desnuda mi