GABRIELA
—¡Oh Dios!.
Gimo con el simple hecho de que me levanté con tal fuerza que me lleva con las piernas abiertas manejando mi cuerpo directo a los hermosos muebles que hay aquí, en el techo del yate, se que hay una persona abajo como piloto de este barco pero el que me maneja como le da la gana está aquí arriba y por mucho que quiero luchar hasta conmigo misma, no puedo, no quiero y me prendo de sus labios sintiendo que se sienta conmigo encima, no se en que momento pero ya tiene la bragu