Robert se acercó para estar junto a ella y Marcela intentó alejarse y su rostro cambió al ver una cajita con un anillo dentro que Robert sacó de su bolsillo.
—Acepta casarte conmigo, Marcela.
—Robert… ¿Es lo que creo?
—No quiero volver a cometer un error, esta vez no te dejaré ir. No importa tu respuesta, tendrás este anillo en tu dedo y jamás te lo quitarás.
Robert no esperó a que Marcela dijera “Si”, él le puso el anillo en su dedo y le besó la mano. Marcela estuvo a punto de sonreír, pero an